¡Qué difícil es ser barro! Ser rescatado y escogido, ser pensado y diseñado es maravilloso. Sólo el amor engendra la maravilla. Sólo el amor convierte en milagro el barro.
“Yo soy la arcilla, tú el alfarero, somos todos obra de tus manos” Isaías 64,8
¿A quién le gusta el proceso de ser preparado y amasado en pureza y santidad, y que cada rato le saquen las piedritas de pecado y las burbujitas de orgullo y de ira? ¿Quién se deleita en ser tirado en el torno, y asiduamente y con solidez ser centrado en la voluntad del alfarero? ¿Quién aspira sus manos fuertes sobre Él, a veces forzando hacia arriba y hacia afuera con situaciones dificultosas, y otras veces abatiendo y triturando el carácter y el proceder? ¿A quién le gusta la idea de que tenga que doblar la rodilla a los caracteres y las paradas y los giros de la rueda de la vida que el alfarero determine?
Al darnos cuenta que no es fácil tenerse la vasija lista y utilizarla, comienza un proceso lento de pinchar el barro por un lado para que se forme un pico. Por el otro lado, hay que hacer y pegar una oreja. Inmediatamente, cuando la vasija ya esté hecha como el alfarero la haya imaginado, se despega del torno con un hilo o con un alambre, y se pone a un lado para secar.
Cuando haya secado por un día, hay que pulirla: con una herramienta de madera parecida a un cuchillo, el alfarero tiene que quitarle todo el exceso de barro que no permite que se asienta bien.
El desenlace llega el instante, cuando el barro esté medio seco, para adornar la vasija, usando otra herramienta filuda para hacer las marcas y figuras anheladas. Más presión de las manos, pinchazos con los dedos, objetos punzantes, hilos y alambres, herramientas filudas.
Nuestras vidas deben estar en manos del alfarero, que es Dios, el cual, les dará el molde necesario y justo en su momento preciso. ¡De la misma forma en que todo en la naturaleza ha pasado por un proceso para tomar su forma, tú y yo también en las manos de nuestro Creador!
Si estás dispuesto a poner tu vida en manos de Cristo, debes saber que Él ara contigo lo mismo que hace el alfarero con el barro y todo esto con el único objetivo de que el barro sea útil y duradero.